domingo, 15 de septiembre de 2013

viajes y despedidas

primero me saludaste a mi. un beso de esos que son demasiado breves y eternos a la vez. me miraste con tus ojos de laguna y el tiempo se detuvo. de repente estabamos solos en un aeropuerto lleno de gente, mirandonos a los ojos. me dijiste "te amo", con tu voz y con tu mirada. saludaste a mis viejos y a tu mamá con un abrazo del que no quería soltarse. finalmente volviste a besarme, para dar la vuelta y empezar a caminar hacia la puerta de embarque.
habías avanzado dos pasos cuando apoyaste la mochila en el piso y comenzaste a sacar los papeles y el pasaporte. hacías equilibrio con todo lo que tenías en las manos. nosotros te mirabamos sin acercarnos. el pasaporte se te cayó al piso, lo levantaste ante la mirada de la empleada que te esperaba. de repente reparé en lo ridículo de la situación. apenas habías dado dos pasos y ya habías cruzado esa línea imaginaria que te separaba definitivamente de nosotros, "ya te habías ido". en dos pasos, ya estabas en otro continente, ya eras un viajero. ya habías dicho adiós, y los demás no nos atrevíamos a cruzar esa línea.

pero... ¿para qué están las líneas imaginarias si no es para animarse finalmente a cruzarlas?

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