sábado, 3 de agosto de 2013

entrada importada XIV


pensamientos. prestados. compartidos, digamos.



Kevin Kelly, cofundador de la revista Wired:

Podemos aprender tanto de un experimento que no sale bien como de uno que sí funciona. No debemos evitar equivocarnos; más bien, es una práctica que deberíamos cultivar y fomentar. Es una lección de la ciencia que podría beneficiar no sólo la investigación sino al diseño, a los deportes, la ingeniería, el arte, la vida en general.
Un gran diseñador gráfico genera un montón de ideas sabiendo que la mayoría terminarán siendo desechadas. Lo mismo ocurre con los arquitectos, escultores, microbiólogos. ¿Qué es la ciencia después de todo si no una manera de aprender de aquellas cosas que no funcionan, de nuestros propios errores?
Esta perspectiva sugiere que deberíamos aspirar a triunfar al mismo tiempo que nos preparamos a aprender de una serie de errores.
Pero hoy en día el fracaso no es tan noble. En la actualidad, el error no es considerado ni por asomo como una virtud. Es, en cambio, un signo de debilidad, un estigma que prohíbe segundas oportunidades. A los niños se les enseña que equivocarse conduce a la desgracia, que uno debe hacer todo lo que tiene al alcance para triunfar sin equivocarse.
Asociada a la idea de aceptar el fracaso está la noción de romper cosas complejas para hacerlas mejor. A menudo, la única forma de mejorar un sistema complejo es probarlo hasta sus límites forzándolo a fallar. Por lo general, los ingenieros testean un programa informático haciendo todo lo posible para colgarlo. Los grandes inventores tienen tanto respeto por romper cosas como los científicos tienen paciencia para lidiar con los errores. Ellos lo saben: fracasar es un camino más al éxito.







Matt Ridley (zoologo, autor de “genoma”):

La gente brillante, ya sean antropólogos, psicólogos o economistas, suponen que la brillantez es la clave del éxito humano. Ellos votan por las personas más inteligentes para gobernar, les preguntan a los expertos más inteligentes para diseñar planes para la economía y hasta especulan sobre cómo se desarrolló la inteligencia humana.
Sin embargo, están viendo la película equivocada. La clave para el logro o éxito humano no es para nada la inteligencia individual. La razón por la cual los seres humanos dominamos el planeta no es porque tenemos grandes cerebros: los neanderthales tenían un cerebro aún más grande. La evolución de nuestro cerebro y una gran cantidad de software de lujo como el lenguaje fue razón necesaria pero no suficiente para el desarrollo de la civilización. La razón por la que algunas economías funcionan mejor que otras o por la que en algunos lugares realizan grandes descubrimientos no es porque cuentan con personas más inteligentes.
El éxito humano es enteramente un fenómeno de redes. La sociedad humana tropezó con una forma de elevar el nivel de vida de sus miembros luego de poner sus cerebros a trabajar en conjunto, a través de la división del trabajo, el comercio y la especialización. El éxito humano está basado en la inteligencia colectiva. Cada persona es un nodo en la red neuronal humana. Al hacer cada uno de nosotros una cosa y volverse bueno en ello y luego de compartir y combinar los resultados a través del intercambio, es posible que la gente se vuelva capaz de hacer cosas que ni siquiera entiende. Pocas personas saben cómo se hace un lápiz pero el conocimiento está distribuído en la sociedad entre los muchos miles de mineros de grafito, leñadores, diseñadores y trabajadores de fábricas.
La persona más inteligente no es rival para el cerebro colectivo.

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